MEDITAR COMO ABRAHAM

Publicado en ORACIÓN HESYCHASTE

Meditar es en primer lugar entrar en la meditación y la alabanza del universo pues, según los padres de la Iglesia, "todas las cosas saben rezar entes que nosotros".

El hombre es el lugar donde la oración del mundo toma consciencia de ella misma. El hombre está ahí para nombrar lo que balbucean todas las criaturas Con la meditación de Abraham, entramos en una nueva y más alta consciencia que se llama la fe; es decir, la adhesión de la inteligencia y del corazón a ese "Tú" que Es, a ese "Tú" que se transparenta en el diálogo con todos los seres. Estas son la experiencia y la meditación de Abraham: detrás del temblor de las estrellas hay más que las estrellas, una presencia difícil de nombrar, nadie puede pronunciarla y sin embargo tiene todos los nombres...

Es algo que desborda el universo y no puede concebirse fuera de él. La diferencia que hay entre Dios y la Naturaleza es la diferencia que hay entre el azul del cielo y el azul de una mirada... Abraham al margen de todos los azules estaba en búsqueda de esta mirada...

 

 

Después de haber aprendido a sentarse, enraizarse, la orientación positiva hacia la luz, la respiración apacible del océano, el canto interior, el joven estaba invitado a despertar su corazón. "De repente se descubre como alguien". Lo propio del corazón es, en efecto, personalizar todo, y en este caso, personalizar el Absoluto; la Fuente de todo lo que vive y respira, nombrarla, llamarla "Mi Dios, Mi Creador", y caminar en su Presencia.

Meditar para Abraham es mantener bajo las apariencias más variadas el contacto con esta Presencia. Esta forma de meditación entra en los detalles concretos de la vida cotidiana. El episodio del roble de Mambré nos muestra a Abraham " sentado a la entrada de la tienda, en lo más caluroso del día", y allí, va a acoger a tres extranjeros que se van a revelar como enviados de Dios. Meditar como Abraham, decía el padre Serafín, "es practicar la hospitalidad, el vaso de agua que das a aquel que tiene sed, no te aleja del silencio, te acerca a la fuente". "Meditar como Abraham, lo comprendes, no despierta solamente en ti la paz y la luz, sino también el Amor por todos los hombres". Y el padre Serafín leyó a nuestro joven el famoso pasaje del libro del Génesis donde se nos narra la intercesión de Abraham. Abraham estaba ante "Yahvé - que es - que era - que será." Se acercó y le dijo: “¿Vas a suprimir al justo con el pecador? Puede ser que existan cincuenta justos en la ciudad, ¿vas a suprimirlos y no perdonarás la ciudad por los cincuenta justos que hay en ella?...”

Abraham poco a poco reduce el número de los justos para que no sea destruida Sodoma.

"Que mi Señor no se enfade si le hablo una última vez. Puede ser que se encuentren diez..." (Gén. 18, 16). Meditar como Abraham es interceder por la vida de los hombres, no ignorar nada de su podredumbre y por lo tanto "no desesperar jamás de la misericordia de Dios". Este tipo de meditación libera el corazón de todo juicio y de toda condena, en todo tiempo y lugar; cualesquiera que sean los horrores que podemos contemplar llama al perdón y la bendición.

Meditar como Abraham, conduce más lejos. Al padre Serafín le costaba pronunciar esta palabra, como si hubiera querido ahorrarle al joven esta experiencia por la que él mismo había pasado y cuyo recuerdo le estremecía: "Esto puede llegar hasta el Sacrificio..." y le citó el pasaje del Génesis donde Abraham se nos muestra preparado para sacrificar a su propio hijo Isaac. “Todo es de Dios”, continuó murmurando el padre Serafín. Todo es de El, por El y para El"; meditar como Abraham te conduce a una total desposesión de ti mismo y de eso que tú tienes de más querido... busca eso a lo que tienes pegado tu corazón, eso con lo que te identificas más... para Abraham era su hijo único; si eres capaz de ese don, de ese abandono total, de esta infinita confianza en quien transciende toda razón y buen sentido, todo te será devuelto al ciento por uno: "Dios proveerá". Meditar como Abraham es no tener en el corazón y la conciencia "nada que no sea El". Cuando sube a la cima de la montaña, Abraham no pensaba más que en su hijo. Cuando desciende no pensaba más que en Dios.

Atravesar la cumbre del sacrificio, es descubrir que nada me pertenece.

Todo pertenece a Dios. Es la muerte del yo y el descubrimiento del "Su".

Meditar como Abraham es adherirse por la fe a Aquel que está más allá del universo, es practicar la hospitalidad, interceder por la salvación de todos los hombres. Es olvidarse de sí mismo y romper las ataduras más legítimas para descubrirse; uno mismo, nuestro prójimo y todo el universo, habitado por la infinita presencia del " Único que Es".