LA PAZ DEL CORAZÓN: MEDITAR COMO UNA MONTAÑA

Publicado en ORACIÓN HESYCHASTE

LA PAZ DEL CORAZÓN: MEDITAR COMO UNA MONTAÑA PDF Imprimir E-Mail

 

Así comenzaba para el joven filósofo una verdadera iniciación al método de oración "hesychaste". La primera indicación que se le había dado concernía a la estabilidad. En efecto, el primer consejo que se puede dar a aquel que quiere meditar no es del orden espiritual sino físico: ¡siéntate!

Sentarse como una montaña, quiere decir coger peso: ser pesado de presencia. Los primeros días, el joven tenía mucha dificultad para permanecer así inmóvil, las piernas entrecruzadas...

Una mañana llegó a sentir realmente lo que quería decir "meditar como una montaña". Se encontraba ahí con todo su peso, inmóvil.

Hacía uno con ella, silencioso bajo el sol. Su noción del tiempo había cambiado completamente. Las montañas tienen otro tiempo, otro ritmo. Sentarse como una montaña, es tener la eternidad delante de sí, es la actitud justa para el que quiere entrar en la meditación: saber que tiene la eternidad detrás, dentro y delante de sí. Antes de construir una iglesia es necesario ser piedra, y sobre esta piedra (esta solidez imperturbable de la roca) Dios podía ya construir su Iglesia y hacer del cuerpo del hombre su templo.

Pasó así varias semanas. Lo más duro era para él, dejar pasar las horas "sin hacer nada". Era necesario aprender a ser, simplemente a ser, sin objetivo ni motivo. Meditar como una montaña, era la meditación misma del Ser, "del simple hecho de Ser", ante todo pensamiento, placer y dolor.

El padre Serafín, le visitaba cada día, compartiendo con él algunos tomates y aceitunas. A pesar, de la dureza de este régimen, parecía que el joven había cogido peso. Su paso era más tranquilo. La montaña le había entrado en la piel. Sabía perder su tiempo, acoger las estaciones, permanecer silencioso y tranquilo, a veces, como una tierra dura y árida, otras como un flanco de colina que espera la siega.

Meditar como una montaña le había modificad también el ritmo de sus pensamientos. Había aprendido a "ver" sin juzgar, como dando a todo lo que crece sobre la montaña "el derecho a existir".