Dimensión Mariana

VÍRGENES DE MARÍA RIVIER

“Amad mucho a la Santísima Virgen” “Virgen Santa¡Cúrame! Y te traeré muchas niñas…”
María Rivier

DESCARGAR PDF VIRGENES DE MARÍA RIVIER

 

María Rivier

Amad mucho a la Santísima Virgen: sois sus hijas; no dudéis de que cuidará de vosotras. Con total seguridad os ama con ternura. Yo voy todos los días a su iglesia a pedirle gracias para cada una en particular. Encomendadle, por favor, mis necesidades que son muchas. Abandonádselo todo a la Santísima Virgen, manteneos en sus brazos con la mayor confianza. Si amáis mucho a esta buena Madre, si la rezáis con fervor, os arreglará vuestras cosas; dadle todo y vivid santamente.

 


 

Nuestra Señora de la Piedad

María Rivier pasó muchas horas delante de Nuestra Señora de la Piedadpidiendo su curación. La primera vez que vi la imagen de Nuestra-Señora de la Compasión, no sabía qué representaba aquella mujer, con un hombre muerto en las rodillas. Pero como mi madre iba a menudo a rezar ante ella, pensaba que esa mujer tenía un gran poder y que me curaría. Un día dije a mi madre: He visto en la capilla a una mujer que me curará. - ¿Qué mujer, preguntó mi madre?. - La que está detrás del altar Mi madre, entonces, me dio a entender el misterio de la vida de la Santísima Virgen que representaban las dos estatuas. Desde entonces, tuve aún mayor confianza, y pedía a mi madre que me llevara detrás del altar. Ante la Piedad María Rivier, niña, recibió la impronta mariana con la que están marcadas su experiencia espiritual y sus realizaciones apostólicas. Allí aprendió la oración del corazón, la súplica ardiente, con una confianza inquebrantable. María Rivier volvía incansablemente a Nuestra Señora de la Piedad como a una fuente. Lo aprendió todo de María en adoración ante su Hijo y su Dios muerto por la salvación del mundo.


Nuestra Señora de Pradelles

Imagen antigua en madera de cedro, obra de carácter egipcio y que se podría remontar a la época de las Cruzadas. Fue descubierta en 1512. Se conserva en el santuario de Nuestra Señora en Pradelles, donde María Rivier estuvo como pensionista desde el otoño de 1780 a marzo de 1782. El aceite de la lámpara que ardía ante la imagen obtuvo muchos milagros entre ellos la segunda curación de Marinette."Con apenas nueve años, se rompió una pierna... Su madre le dijo: Hija mía, reza una Salve a la Santísima Virgen; Te voy a poner un poco de su aceite en la pierna y se te curará", y se curó el 15 de agosto de 1777.

 

 


 

 Nuestra Señora de la Sonrisa

Delante de esta imagen muy antigua María Rivier hacía rezar a sus alumnos, prometiéndoles una sonrisa de la Virgen. Obtuvieron esta sonrisa más de una vez, en particular un día en que María Rivier, al confiar a la Virgen sus proyectos de fundación de un convento, le suplicaba que le diera a conocer, mediante una señal, la voluntad de Dios y la suya.
Un día, a mitad de la oración, en el mismo instante, todos sus alumnos gritaron a una: ¡Ahora se ríe!, Ahora se ríe!.


 

 Nuestra Señora del Manzano

En el momento de la dolorosa salida de Montpezat para Thueyts, María Rivier fue a casa de su hermana,a Largentière. La futura fundadora acudía a María, venerada bajo la advocación de Nuestra Señora del Manzano, rezaba durante mucho tiempo, a la espera de que se manifestara la voluntad de Dios.
Un mensajero trae un mensaje de M. Pontanier :En Nombre de Jesucristo, venga a Thueyts, tal es la voluntad de Dios, no puedo dudar de ello. Ahí es donde le llama la Providencia para hacer el bien.

 

 


 Nuestra Señora la Virgen Auxiliadora

Esta Virgen se conserva en la habitación de María Rivier en Bourg-St-Andéol (Ardèche). A Ella recurría en los casos urgentes, desesperados: "Virgen Santa, devuélveme a mi pequeña, devuélveme a mi pensionista," suplicaba con lágrimas. Oración muy pronto escuchada: aquel mismo atardecer encontraron a la pequeña fugitiva.

 

 

 

 

 


Nuestra Señora de Thueyts
Virgen de madera dorada cuya historia desconocemos, pero sabemos por las "Memorias de Sor Sofía" que "cuando faltaba el pan, María Rivier iba a rezar a la capilla de Nuestra Señora, en la iglesia de Thueyts" (Ardèche), situada cerca del convento.


 

 Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

En Lablachère, se venera a María bajo la advocación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Se la representa como la Reina del cielo con el cetro en una mano y el Niño Jesús en la otra. .María Rivier escribe a Nuestra Señora de Lablachère, según su costumbre, y manda que lleven la carta a su altar.
Con el alivio de sus dolencias físicas, pide a la Virgen fuerzas nuevas para trabajar en la obra de Dios y que Ella misma escoja a jóvenes fervorosas para todas sus casas.

 

 

 

 


 

 

 Nuestra Señora del Puy

Conduce a tus hijas por el camino de la humildad
María Rivier tiene el corazón de los Pobres de Yahwé, de los Anawim.
Su humildad es su confianza en Dios.

 

 

 

 


 

Nuestra Señora de Nazaret

María Rivier tenía una gran devoción a la Sagrada Familia Proponía a sus Hermanas como modelo de vida a Jesús, María yJosé.
Quiso instalar un grupo de estatuas esculpido en madera : María, sentada, está cosiendo; Jesús, de pie delante del banco, maneja la garlopa mientras José sierra un tablón. Una expresión de paz, de sencillez y de dulzura emana de esas figuras.

 

 

 

 


 

 Nuestra Señora de la Providencia

La fe de María Rivier en la divina Providencia no decayó jamás. En las horas difíciles, no perdió la confianza. Por mediación de la Santísima Virgen, lo esperaba todo de Dios.
No éramos nada, no teníamos nada, no podíamos nada. Después de esto, ¿cómo dudar de que fue Dios quien condujo todo?
El espíritu de pobreza será siempre el espíritu de la Asociación. Todas las Hermanas tendrán empeño en ser pobres como Jesús y su Santísima Madre. (Primeras Reglas comunes)
Espero que nuestra pequeña Congregación crecerá cada vez más en obras de caridad; no quiero que se mantenga si el desprecio o la dureza para con los pobres se introdujera en ella. Amadles según su necesidad y según vuestras posibilidades.

 

 


 

 Nuestra Señora de Fourvière

En este célebre lugar de peregrinación lionés, el 17 de agosto de 1827, María Rivier depositó en el altar de la Santísima Virgen el proyecto tan querido para su corazón : el de tener una casa llena de adoratrices. Hoy, una placa conmemorativa recuerda la peregrinación de esta verdadera hija de María y quiere ser testimonio de gratitud de las Hermanas de la Presentación de María desde los orígenes a Aquella que por siempre sigue siendo su Madre y su Guardiana.

 

 


 

Nuestra Señora de la Cruz

Cruz con Virgen en la hornacina
Esta cruz se la ofrecieron las novicias a María Rivier, en 1837. La Virgen está en una hornacina, al pie de Jesucristo en la cruz.
María Rivier rezaba a menudo ante esta imagen que ella había puesto en su habitación. La tengo siempre ante los ojos; estoy en espíritu en esa hornacina; es el lugar que he escogido; ya no quiero tener otro, ahí es donde se hacen las obras de Dios. (María Rivier)

 

 

 


 

Nuestra Señora de Gracia
No hay ninguna duda de que esta Virgen debió ser honrada, venerada, suplicada por María Rivier. ¡Cuántas avemarías debió desgranar a los pies de Aquella a la que siempre consideró como la Fundadora, la Madre, la Primera Superiora de su Congregación!

 


 

Nuestra Señora de la Presentación

María Rivier descubre el sentido profundo de la fiesta de la Presentación de María en el Templo : presente a Dios, presente al mundo.
Al elegirnos, por puro amor y en su gran amor por nosotras, a la Presentación de María, Jesucristo nos llama en María Rivier a ser pura ofrenda a Dios, a ofrecernos en Jesucristo, a acoger esa gracia por el Espíritu que se nos ha dado, a fin de ser, día tras día, esposas de Jesucristo, adoratrices en espíritu y en verdad, entregadas al Amor, para Gloria del Padre y salvación del mundo.

 

 

 


Oración ante Nuestra Señora de la Piedad

• María, cógenos de la mano, como cogiste a María Rivier, para ayudarnos a contemplar este icono y descubrir en él la fuerza de sanación y salvación que encierra.

• María, tienes la mirada perdida, como tantas madres a quienes la mirada se les pierde cuando sus hijos sufren o mueren. A lo largo de tu vida ¿cuántas veces la mirada se te quedó perdida? ¿No se te quedó perdida en el horizonte, el día que viste que tu hijo salía de Nazaret para ir a evangelizar a los pobres? ¿Hacia dónde mirabas cuando crucificaban a Jesús? En el Gólgota, ¿no buscabas con la mirada al ángel Gabriel para que te dijera de nuevo: “No temas, María…, nada hay imposible para Dios”. Dinos, María, ¿qué hacías para recuperar tu mirada de mujer creyente en esos momentos tan difíciles? Necesitamos saberlo para decírselo a los millones de personas que viven actualmente en el mundo con la mirada perdida: mujeres que huyen de la hambruna con sus niños en brazos, mujeres prostituidas por las mafias, gente que vaga de un lugar a otro huyendo de la violencia o que contempla las ruinas de lo que fue su hogar…

María Rivier, enséñanos a tener una mirada como la tuya, una mirada contemplativa. Ayúdanos a mirar atentamente la realidad y a unir nuestros brazos para seguir trabajando sin descanso por un mundo más justo y más fraterno.
• María ¡cuántas veces hemos sentido que un nudo en la garganta nos dejaba la boca entreabierta, como la tienes tú en esta imagen! Cuando el dolor nos ahoga, parece que nos consuela abrir un poco la boca para respirar o suspirar. Al mirar tu rostro, y al mirar tu boca, sentimos que tú también tienes un nudo en la garganta, porque el dolor te ahoga. Y tu dolor nos hace presente el dolor de tantas madres que han tenido y tienen a sus hijos muertos en sus brazos. María Rivier, enséñanos a leer en los rostros la expresión del dolor, a estar muy atentas ante el dolor ajeno. Danos entrañas de misericordia ante cualquier forma de sufrimiento.


• También tú, Jesús, tienes la boca entreabierta como tu Madre. Quizá quisiste decirnos algo más desde la cruz, quizá invocabas a tu Abbá, cuando la muerte te sorprendió. Tu boca fue bendición para la gente que te escuchaba. Al oírte: “No temas”, “Tu fe te ha curado”, “Tus pecados quedan perdonados”…, sentían que la salvación entraba en su corazón. María Rivier, ayúdanos a utilizar nuestra boca para dar a conocer el Evangelio con la misma pasión y el mismo entusiasmo con el que tú lo diste a conocer.

• María ¿qué nos dices con tu brazo extendido? Parece que tú también has sido crucificada. En tu mano no se ven las huellas de los clavos, pero nos muestras los clavos invisibles de la cruz de tu maternidad. Tu Hijo no tenía un lugar donde reposar su cabeza, comía con pecadores, y tocaba a los leprosos y a la gente intocable. ¡Qué duro debió ser para ti oír los juicios de la gente del pueblo sobre el comportamiento de Jesús! ¡Cuántas veces sentirías que una espada atravesaba tu alma, como te habían anunciado! María, desde que fuiste madre hasta hoy, muchas mujeres viven su maternidad como una cruz a cuestas. María Rivier enséñanos a ser cireneos de esas mujeres y a denunciar con valentía todo aquello que les impide vivir su maternidad con dignidad.

• Jesús tu brazo derecho cae sin vida y tus dedos rozan el suelo. Tu brazo nos invita a tocar la tierra de la que estamos hechos: nuestro propio barro, nuestras pobrezas, nuestro pecado… Y, al mismo tiempo, nos invitas a dejarnos transfigurar, a dejarnos tallar como hijas amadas. Nos invitas también a tocar el barro ajeno con delicadeza, sin juzgar, con la misma misericordia con la que tú tocas y acaricias cada una de nuestras pobrezas. Que nuestras manos estén siempre al servicio del Evangelio, limpias, abiertas, sin gestos amenazadores. María Rivier, enséñanos a que nuestras manos, como las tuyas, trabajen, sostengan y acaricien sin cansarse. • Contemplo tus pies aferrados con fuerza al suelo. Tus pies adolescentes se pusieron en camino para ver y tocar la bendición del Abbá sobre tu prima Isabel. Tus pies adultos corrieron, para ver y escuchar a tu Hijo cuando predicaba en Galilea. Tus pies recorrieron el camino del Gólgota, siguiendo a Jesús. Seguro que ibas tropezando por el camino empedrado de la Vía Dolorosa, porque las lágrimas te impedían sortear las piedras, viendo que el Hijo de tus entrañas cargaba con la cruz, como un malhechor del pueblo.

María Rivier, danos fuerza para ponernos en camino cada mañana, en cada momento, con la seguridad de que siempre guías nuestro éxodo. Que nuestros pies recorran tus caminos, no los nuestros, que están llenos de alfombras y bienestar; que no se paralicen por el miedo o la cobardía. Que nuestros pies entren descalzos en el corazón de cada persona, sabiendo que pisamos tierra sagrada. Enséñanos a ser maternales, lavando los pies de rodillas, y haciendo de ese gesto un sacramento de amor. Que no tengamos miedo a que nuestros pies se gasten y desgasten al servicio del reino. Tú deseabas tener mil cuerpos para poder ir a trabajar y dar a conocer a Jesucristo en todos los lugares del mundo. A pesar de tu enfermedad, tus pies anduvieron ligeros, impulsados por el deseo de no descansar mientras hubiera un rincón de la tierra en el que el Señor no fuera conocido y amado. Enséñanos a poner todo nuestro cuerpo al servicio del Reino.

María, el costado de tu Hijo está abierto. La lanza que lo atravesó te atravesó también a ti y te dejó herida. La Iglesia nos ha recordado que el costado de Jesús es el símbolo del nuevo nacimiento. ¿Nos dejaremos rehacer de nuevo? ¿Perderemos el miedo a ser criaturas nuevas, transfiguradas, como tú?

María Rivier, ayúdanos a nacer de nuevo, a dejarnos transformar, como tú, por la experiencia del Amor de Dios. Ayúdanos a ser como criaturas en las manos de su padre y de su madre, a confiar sin límites. Y enséñanos a cuidar a los demás con corazón de madre, con ternura de madre, con entrañas de madre, como las tuviste tú. Que de nuestro costado, abierto, broten la ternura, la gratuidad y la misericordia.
  • Jesús, tus pies, cruzados y crucificados, me recuerdan que han sido torturados hasta el extremo, y me invitan a orar por los millones de personas que hoy son torturadas de muchas maneras.
Al verte en los brazos de María, me da angustia pensar que de un momento a otro te vas a caer del regazo de tu madre. Me dan ganas de decir a María: “¡Sujeta bien a tu Hijo, que se te cae!”… Pero no, no te caes del regazo de María, nadie se cae de los brazos de tu Madre…, es que tus piernas nos anuncian ya la Pascua, nos invitan a recordar que el Abbá te está llamando a la Vida, te está invitando a sentarte a su derecha, porque la muerte ha sido vencida.
María Rivier, enséñanos a ser Mensajeras de la Pascua y despertadoras de Vida, porque a menudo nuestros miedos y cobardías nos convierten en plañideras o en profetas de calamidades. Ante esta imagen de Nuestra Señora de la Piedad decías: “¡La Santísima Virgen me curará!” Hoy, ante esta imagen, le pedimos a la Virgen que sane nuestras heridas, nuestros recuerdos, nuestra mediocridad.

María Rivier, tú nos recomendabas que fuéramos hijas de la cruz y que meditáramos en la pasión, pero muchas veces la pasión y la cruz nos dan miedo porque no hemos descubierto, como tú, el misterio de Amor que encierran. Enséñanos a contemplar y descubrir este misterio de Amor en este icono de la Madre Dolorosa y a predicarlo como Buena Noticia. Amén