Novedades

13 – 19 de Enero de 2013 LA FE y LA FAMILIA

Cada tres años, el Santo Padre tiene un Encuentro Mundial de las Familias.  El primero de esos encuentros tuvo lugar en 1994 en Roma.  El más reciente ha sido en  Milán y el próximo será en  Filadelfia, EE.UU.

El Papa ha dicho: La famiia es la comunidad fundamental del amor y de la vida en  la que se apoyan las demás comunidades.  La familia  es también  el ambiente primero y fundamental donde  cada persona descubre  y realiza su propia vocación humana y cristiana.  En  ella  la persona viene al  mundo, crece  y madura.  La familia es una comunidad insustituible(Beato Juan Pablo II, 2º  Encuentro de las Familias, Rio de Janeiro, 1997)  No sólo la Iglesia está llamada a reflejar la imagen de un  Dios  en Tres Personas, sino también la familia.  El amor en  el matrimonio es fecundo porque realizaotro bien … la procreación generosa y responsable de los hijos … y  es fecundo para la sociedad, porque la vida familiar es  la primera e insustituible escuela de las virtudes sociales como el respeto de las personas, la gratuidad, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad y la cooperación.  (Benedicto  XVI, 7º  Encuentro  mundial de las familias, Milán, 3 de junio de 2012)

20 – 26 de Enero de 2013 LA FE y LOS JÓVENES

La concentración más impresionante de jóvenes en nuestros días, es, sin lugar a duda, la de las Jornadas Mundiales de la Juventud.  Una sola persona en nombre de Jesucristo reúne a millones de jóvenes de todos los rincones del mundo.  ¿No es extraordinario?

 Hace unos años, tuve  la oportunidad de acompañar a un grupo de 38 jóvenes de la  diócesis de Elphin en Irlanda, en una peregrinación a Tierra Santa.  Al principio, temía  que no fuera más que una experiencia turística  porque me parecía que no había nada que tocase su corazón.  Al tercer día, en la iglesia  del Santo Sepulcro, los jóvenes   empezaron a hacer preguntas.  Jesús ¿había sido enterrado realmente allí? ¿Tuvo lugar la resurrección?  etc.  Las preguntas se multiplicaban todos los días  al recorrer los caminos transitados por  Jesús.

 El Papa Benedicto XVI ha señalado la necesidad urgente de purificación de la Iglesia al decir : A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos. (Porta Fidei #13)

 He aquí una invitación a cada uno de nosotros para familiarizarnos aún más con la historia  de nuestra Fe y para repetir las historias de los lugares y de las personas importantes … los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación. (ibid. #13) 

 

Las JMJ, las peregrinaciones de jóvenes, las reuniones diocesanas de los jóvenes, los Encuentros Internacionales de la Juventud son todos ellos momentos y ocasiones excepcionales  para educar y compartir nuestra fe  con los jóvenes.  Pienso especialmente en los que se ocupan normalmente  de grupos de jóvenes … en clase, en organizaciones  parroquiales, en la catequesis, con los monaguillos, etc. A los jóvenes les gusta saber, tienen un hambre insaciable por lo nuevo, así como un entusiasmo y un interés por la historia  de la Cristiandad.  Desean ardientemente conocer la verdad.

 El Año de la Fe es un tiempo maravilloso para aceptar  el reto de comprometernos  en iniciativas ingeniosas  a fin de  repetir en un lenguaje nuevo el mensaje de Jesús y la historia de nuestra Fe.  Releer y compartir la historia de nuestra Fe podría ser muy  bien un tiempo de purificación y de conversión para nosotros y para nuestros jóvenes.  ¡Dejémonos  sorprender por el Espíritu que actúa en nosotros, y aceptemos el reto de la Nueva Evangelización!

  • Seamos evangelizadores allí donde estemos. Transmitamos a los jóvenes una esperanza.

Sor  Charito Gorgonio

6 – 12 de Enero de 2013 La FE y la COMUNIDAD

En el logo del Año de la Fe, la barca es el símbolo de  la Iglesia, una comunidad que avanza en la fe. En esa barca, todos estamos unidos en la fraternidad.  En ella encontramos  equilibrio y apoyo para llegar juntos  al fin del viaje.

El verano pasado, me rompí el dedo medio de la mano izquierda.  En el hospital, me llamó la atención  el procedimiento empleado, pues, al ponerme la escayola, el  médico incluyó  los dos dedos de cada lado del dedo medio para  acelerar la curación.  Les llamaba « dedos compañeros».  Esos dos dedos estaban «atados » al dedo herido  y  más frágil durante el tiempo de curación  del hueso roto.

    Me di cuenta de que es un poco el papel de la comunidad  en nuestro caminar en la Fe.  Para hacer  ese trayecto en comunidad, necesitamos ese estrechar los lazos, esa amistad.  Sabemos  bien que la vida comunitaria está tejida de penas  y de alegría, de faltas y de perdón, de dificultades y de goces.  En comunidad, compartimos, aprendemos a amarnos y a aceptarnos unos a otros, a veces con dolor, a menudo con  alegría.  En múltiples ocasiones nuestra fe en un Dios Amor nos mueve  a acercarnos y a compartir, a contar con el otro, a amarlo, a excusarlo y a perdonarlo con alegría y con paz.  A todos se nos puede presentar la ocasión  de ser el «dedo herido», pero  nadie  debería dudar jamás de encontrar «dedos» capaces de amar para mantenernos en la amistad y caminar con nosotros.  La fe se alimenta y crece en la comunidad.

Jesús llamó a gente para que le siguiera.  Esos creyentes formaron la comunidad de los discípulos.  Al seguir al  Maestro, hicieron  la experiencia de la amistad y del apoyo mutuo.  En esa atmósfera Jesús les sostenía y les enseñaba la primacía  del amor de Dios por cada uno de ellos.  María Rivier conocía  bien el  poder de la fe en la comunidad cuando decía: «Juntémonos… »

  • Tomemos la iniciativa de esa amistad y de ese apoyo en  nuestras comunidades.

Sor  Charito Gorgonio