6 – 12 de Enero de 2013 La FE y la COMUNIDAD

En el logo del Año de la Fe, la barca es el símbolo de  la Iglesia, una comunidad que avanza en la fe. En esa barca, todos estamos unidos en la fraternidad.  En ella encontramos  equilibrio y apoyo para llegar juntos  al fin del viaje.

El verano pasado, me rompí el dedo medio de la mano izquierda.  En el hospital, me llamó la atención  el procedimiento empleado, pues, al ponerme la escayola, el  médico incluyó  los dos dedos de cada lado del dedo medio para  acelerar la curación.  Les llamaba « dedos compañeros».  Esos dos dedos estaban «atados » al dedo herido  y  más frágil durante el tiempo de curación  del hueso roto.

    Me di cuenta de que es un poco el papel de la comunidad  en nuestro caminar en la Fe.  Para hacer  ese trayecto en comunidad, necesitamos ese estrechar los lazos, esa amistad.  Sabemos  bien que la vida comunitaria está tejida de penas  y de alegría, de faltas y de perdón, de dificultades y de goces.  En comunidad, compartimos, aprendemos a amarnos y a aceptarnos unos a otros, a veces con dolor, a menudo con  alegría.  En múltiples ocasiones nuestra fe en un Dios Amor nos mueve  a acercarnos y a compartir, a contar con el otro, a amarlo, a excusarlo y a perdonarlo con alegría y con paz.  A todos se nos puede presentar la ocasión  de ser el «dedo herido», pero  nadie  debería dudar jamás de encontrar «dedos» capaces de amar para mantenernos en la amistad y caminar con nosotros.  La fe se alimenta y crece en la comunidad.

Jesús llamó a gente para que le siguiera.  Esos creyentes formaron la comunidad de los discípulos.  Al seguir al  Maestro, hicieron  la experiencia de la amistad y del apoyo mutuo.  En esa atmósfera Jesús les sostenía y les enseñaba la primacía  del amor de Dios por cada uno de ellos.  María Rivier conocía  bien el  poder de la fe en la comunidad cuando decía: «Juntémonos… »

  • Tomemos la iniciativa de esa amistad y de ese apoyo en  nuestras comunidades.

Sor  Charito Gorgonio